Mitos que nos enseñaron en la clase de Español. Segunda parte

Continuamos con los mitos más comunes que nos enseñaron sobre el español en la escuela. Si quieres leer la primera parte, da clic aquí.

 
  1. Aprenderse las preposiciones de memoria

A, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde (…) según, sin, so…
Las repetíamos una y otra vez. Más que un mito es un ejemplo de cómo aprendíamos. ¿Alguien preguntó qué era cabe? Probablemente no. Al estar en desuso en la lengua hablada, creíamos que ese cabe preposición era el mismo cabe que viene de caber, como en no cabe duda. La preposición cabe significa junto a o cerca de. Sucedía algo similar con so. ¿Qué es so? So significa bajo. Aunque permanece en frases como so pena, se ha ido perdiendo porque ya existía una preposición bajo. Este so no es el mismo que usamos en so payaso o so cretino.
Conclusión: La lista de preposiciones ha cambiado. No hay que aprendérsela de memoria, hay que comprenderla.
  1. Las siglas llevan punto

Esto no es tanto un mito, antes se acostumbraba a colocar puntos en las siglas. Se recomienda no hacerlo. La sigla O.N.U. hoy se escribe ONU o la sigla O.T.A.N. es OTAN. Hay una excepción recogida por el Diccionario panhispánico de dudas que dice que si la oración está escrita enteramente en mayúsculas, se coloca punto en las siglas: CONGRESO ANUAL DE LA F.I.F.A.
Conclusión: Las siglas no llevan punto.
  1. La v y la b se pronuncian diferente

No es b grande, ni b de burro, —nos decían—. Es b labial. ¿Y la otra? ¿La v chica, la v de vaca? Labiodental. Entonces, la b y la v se pronunciaban distinto.
Pues resulta que no es cierto. Nunca ha existido una diferencia en la pronunciación. ¿Qué dice el Diccionario panhispánico de dudas en el apartado sobre la v?
“La pronunciación de la v como labiodental no ha existido nunca en el español, (…) varias ediciones de la Ortografía y la Gramática académicas de los siglos XVIII, XIX y principios del siglo XX describieron, e incluso recomendaron, la pronunciación de la v como labiodental. Se creyó entonces conveniente distinguirla de la b, como ocurría en varias de las grandes lenguas europeas, entre ellas el francés y el inglés, de tan notable influjo en esas épocas; pero ya desde la Gramática de 1911 la Academia dejó de recomendar explícitamente esta distinción.”
Conclusión: Bello y vello no significan lo mismo, pero se pronuncian igual.
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¿Nuestros profesores no sabían enseñar? Claro que sabían. Más bien, el lenguaje es un ente vivo que cambia constantemente; a veces dentro de una lógica, muchas otras fuera de ella. Lo que hoy está registrado y aceptado, probablemente mañana ya no lo sea. Y viceversa, lo que hoy se considera incorrecto, mañana será de uso común.
Así es el lenguaje.
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